
Sálvame nace en el año 2022, en un espacio de diálogo interinstitucional sobre la desnutrición crónica en Guatemala, en el que participaron el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), el Congreso de la República y diversas organizaciones del sector agrícola. Durante este proceso, al que tuve la oportunidad de asistir; se hizo evidente una conclusión clave: esta problemática estructural en el país no responde únicamente a la disponibilidad de alimentos sino a una profunda desconexión entre producción, mercado y consumo.
De manera recurrente, pequeños productores enfrentan pérdida de cosechas no por falta de calidad, sino por barreras de acceso a mercados, volatilidad de precios, impactos climáticos y la ausencia de mecanismos eficaces para absorber la producción excedentaria. Como resultado, alimentos completamente aptos para el consumo quedan fuera del sistema comercial y terminan desperdiciándose; mientras millones de familias de escasos recursos enfrentan diariamente la incertidumbre de llevar alimentos a su mesa.
Este fenómeno afecta directamente la sostenibilidad del sector agrícola y contribuye a la migración rural, ya que permanecer en el territorio implica costos crecientes y oportunidades cada vez más limitadas.
Inspirados en modelos que ya operan con éxito en Europa, Norteamérica y otros países de Latinoamérica, surge ¡Sálvame, no me desperdicies! como un emprendimiento social y una plataforma tecnológica que conecta excedentes alimentarios con personas y necesidades reales, promoviendo el consumo responsable, el ahorro y la reducción del desperdicio de alimentos.
Sálvame no se trata de vender “sobras”, sino de rescatar excedentes de alimentos en buen estado y ponerlos al alcance de más personas con precios accesibles. Es, además, una herramienta que apoya a quienes producen y distribuyen alimentos y, al mismo tiempo, alivia la carga económica de quienes consumen, generando valor compartido en toda la cadena alimentaria.
Porque los alimentos aptos para el consumo no se desechan: se aprovechan.
Por Marlenne Quezada.